Mitos y verdades sobre la alimentación vegana

Mitos y verdades de la alimentación vegana

No te asustes si no eres vegana/o, y tampoco si no eres vegetariana/o: esta entrada está pensada sobre todo para ti. Si te llama la atención el veganismo pero tienes dudas, también es para ti. Si eres vegana/o hace poco tiempo también es para ti. Y si eres vegano desde hace años, también.

Lo que busco con este texto no es “convertirte” y que dejes de consumir productos de origen animal mágicamente (aunque debo confesar que si pudiera tener un súper-poder me gustaría tener ese), sino para que conozcas un poco más sobre lo que hay detrás de esta filosofía de vida y este tipo de alimentación, conversemos sobre lo que piensas y las dudas que te genera, y así empecemos a despejar los mitos y prejuicios que existen en torno al tema. Es posible que al final te sorprendas con algunos de los datos que revisaremos y, aunque ni siquiera te hayas planteado la idea de consumir menos carne, nunca está de más saber de qué va el asunto.

Antes de entrar en materia creo que es importante contarte dos cosas: primero, qué es el veganismo (por si acaso no has oído nunca esa palabra o no tienes del todo claro de qué se trata), y segundo, por qué soy vegana. Aquí voy:

Vamos a lo primero: ¿qué es el veganismo?

El veganismo es la práctica de abstenerse de consumir o usar cualquier producto de origen animal, así como de financiar el uso de animales como objetos mercantiles (por ejemplo en los circos y los zoológicos); no es sólo un asunto de alimentación —aunque ese es puntualmente el que trataremos hoy— sino una filosofía de vida. Los diferentes matices que pueden encontrarse sobre la definición de veganismo nos dan para largo y podría hacer una publicación del blog sólo sobre eso, pero no me voy a extender pues para lo que lo necesitamos ahora nos basta con la definición general. En todo caso, si lo quieres ampliar más puedes visitar vivevegano.org o el artículo de Wikipedia que es bastante completo.

¿Por qué soy vegana?

Como ya te lo he contado antes, la preocupación por la sostenibilidad me acompaña desde que era una niña. Contarte con detalle cómo ha sido todo el proceso requeriría una entrada aparte en el blog —no hice una entrada pero sí hice un episodio de podcast sobre este tema—, así que por ahora me voy a ir a lo elemental: en todos estos años he aprendido que no se puede hablar de sostenibilidad sin hablar de alimentación (no lo digo yo, lo dicen IOP Science, la ONU y la FAO, y lo amplían BBC Mundo, El País, Anima Naturalis, Clean CO2, DW y básicamente todas las organizaciones ambientalistas y cualquier medio de comunicación que no esté siendo censurado por intereses económicos), no se puede hablar de alimentación sin hablar de productos de origen animal (sobre todo en países como el mío, donde somos carne-lacto-ovo-dependientes), no se puede hablar de productos de origen animal sin hablar de maltrato a los animales, y, para mí, no se puede hablar de ser respetuoso con el planeta sin al menos plantearse la idea de ser respetuoso con los animales.

Con esos dos puntos iniciales claros, podemos pasar a revisar algunos mitos que hay en torno a la alimentación vegana (y sus verdades). Y de nuevo, son tantos y tan complejos que cada uno podría ser una entrada individual en el blog, pero me voy a centrar en 5 mitos que considero que son la base de los prejuicios más comunes y generalizados, al menos en mi experiencia:

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Mito: Ser vegano es difícil

Realidad: De esto ya te había hablado antes. Para mí la cosa es así: muchas dificultades están en la cabeza, y si uno tiene claro por qué quiere hacer las cosas, entonces las cosas se vuelven menos difíciles. Por otro lado, cada vez más personas están preocupándose por su alimentación y por el impacto que ésta tiene en la salud, en el bienestar de los animales y en el medio ambiente. Cada vez es más fácil encontrar información sobre cómo alimentarse bien teniendo una dieta libre de productos de origen animal, y cada vez es más fácil encontrar productos alimenticios y recetas que hacen que el proceso sea mucho más sencillo. Hay varias organizaciones animalistas que han preparado guías muy completas para que cualquier persona interesada en el veganismo pueda ver de qué se trata y empezar a pensar la alimentación de otra manera, aquí te dejo una recopilación de algunas de las que yo he encontrado: Guía vegetariana para principiantesKit vegano para principiantes, Recetario vegano, ¿Por qué vegano?, Guía para una dieta sin carne y Una opción mejor.

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Mito: La comida vegana es rara o difícil de conseguir

Realidad: Muchísima de la comida que consumes todos los días es vegana —esto es especialmente cierto si piensas en ingredientes y no en preparaciones completas—; sin embargo muchas personas piensan que la comida vegana es rara y que sólo se consigue en tiendas especializadas. Claro, hay tiendas que venden muchos productos específicos para veganos, pero la base de la alimentación vegana la consigues en cualquier plaza, legumbrería o supermercado común.

A mí me causa gracia cuando oigo decir que alguien no le gusta la comida vegana… ¿no le gusta el arroz? ¿la pasta? ¿la avena? ¿el pan? ¿todas las frutas y las verduras? ¿el café? ¿el chocolate? ¿¿¿la cerveza??? Pensemos que “comida vegana” básicamente significa cualquier alimento que no contenga derivados de origen animal… no se trata de una corriente culinaria con ingredientes que vengan de otro planeta ni que tenga como requisito tener sabores extraños o ausencia de sabor. Lo que nos lleva al siguiente mito:

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Mito: La comida vegana es insípida

Realidad: La comida sabe bien si se prepara bien, y esto es cierto para la carne o para los vegetales. De hecho, a la carne se le suele dar sabor adobándola con hierbas y con especias (que son vegetales al fin y al cabo), y te aseguro que en las frutas y las verduras vas a encontrar un arcoíris de sabores, aromas y texturas que superan por mucho a las posibilidades que encuentras en los productos de origen animal. Si alguna vez probaste un plato vegano que no tenía buen sabor seguramente es que no fue preparado con buena sazón, exactamente igual a cuando has probado un plato con carne que no te gustó.

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Mito: La comida vegana es cara

Realidad: La carne y los lácteos, junto a la mayoría de alimentos procesados, están entre los productos más caros de la canasta familiar. Las legumbres (que son una maravillosa fuente de proteína) y las frutas y vegetales locales y de estación están entre las cosas más baratas que puedes encontrar —especialmente si compras en la plaza— y las semillas y frutos secos, si bien son un poco más costosos que los demás vegetales, no llegan a ser tan caros como la mayoría de carnes y quesos. En todo caso aquí pasa como en el punto anterior: vas a encontrar cosas caras y baratas tanto en el mundo de la gastronomía vegana como en el de la gastronomía omnívora; realmente todo va a depender de dónde compres y qué tipo de productos prefieras.

Por otro lado, hay un asunto de costos que vale la pena tener en cuenta, y es el costo a largo plazo. La alimentación vegana —cuando se lleva a cabo a consciencia y estando bien informado— es mucho más saludable que la mayoría de dietas omnívoras, lo cual se ve reflejado en un mejor estado de salud, que nos lleva a tener menos necesidad de ir al médico o gastar plata en medicamentos y tratamientos. Y eso sin hablar del costo a largo plazo para el planeta (y por extensión para todos nosotros, que lo habitamos).

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Mito: La comida vegana no es nutritiva

Realidad: Como revisamos en el punto de arriba, la comida vegana es mucho más saludable que las dietas omnívoras si se lleva a cabo a consciencia y con buena información. Es necesario tener en cuenta que vivimos en sociedades altamente dependientes de los productos de origen animal para la alimentación, así que no se trata de eliminarlos del plato y comer lo que quede, pues eso te puede dejar con un par de verduras mal preparadas y con una deficiencia nutricional en el futuro cercano… sin embargo vale la pena resaltar que la idea que tenemos de que un plato con carne “ya es una buena comida” es también una visión distorsionada de nuestras necesidades alimenticias, y que muchas personas que tienen deficiencias nutricionales las tienen a pesar de que consumen productos de origen animal.

En todo caso la alimentación vegana no es inherentemente saludable. Es perfectamente posible ser vegano y alimentarse de manera poco balanceada y consumir cosas procesadas en exceso y vivir lleno de enfermedades… pero claro, esa no es la idea. Insisto: a consciencia y con buena información.


 

Como dije al principio, el asunto de los mitos en torno a la alimentación vegana da para largo, podría publicar una lista casi interminable y extenderme mucho más, pero creo que estos 5 mitos cubren al menos parte importante del terreno.

Yo sé que no es posible que todos pasemos a ser veganos mágicamente de un día para otro (¡qué más quisiera yo!), pero pienso que vale la pena compartir estas ideas para empezar a entender mejor todo lo que hay detrás de ésta filosofía de vida, de la cual no nos vendría mal adoptar al menos un par de cosas; al fin y al cabo en el veganismo, como en la sostenibilidad, no se trata de hacer cambios mágicos de la noche a la mañana sino de plantearnos cosas, cuestionar nuestras costumbres y las creencias que damos por sentado, y empezar a generar cambio desde donde estemos. Yo pienso que más valen 10 personas no-veganas hablando sobre veganismo y planteándose la idea de consumir menos productos de origen animal que un solo vegano al 100% que cambió de un día para otro y no tolera los procesos y las transiciones ajenas.

Como siempre, los comentarios están abiertos para que me cuentes qué te ha parecido la publicación y conversemos sobre lo que piensas. ¿Creías —o crees aún— en alguno de esos mitos? ¿Cuáles añadirías a la lista? ¡Te espero en los comentarios!