Conclusión de mi experimento: no necesito Instagram (pero igual lo voy a seguir usando)

La primera imagen que publiqué en Instagram fue una foto de una de las gatas de mi mamá. Tiene un comentario y nueve «me gusta». No es una foto particularmente bonita pero es de un animal que amo, y solo por eso sentí que valía la pena publicarla. Eso fue hace siete años.

El año pasado hice una publicación en la que compartí información y algunas reflexiones sobre los incendios en el Amazonas. No sé cuántos comentarios tiene, pero son muchísimos. Más de medio millón de personas le dieron «me gusta». La compartieron no sé cuántos miles de veces, incluyendo cuentas de personas mega famosas. Llegaron decenas de miles de seguidores nuevos a mi cuenta.

Entre una imagen y la otra hice 947 publicaciones, algunas de las cuales han sido también compartidas muchos miles de veces. Lo que empezó como una cuenta personal, en la que compartía básicamente fotos de gatos, plantas y experimentos de crochet y alfarería (#NacíAnciana), se convirtió en una herramienta de comunicación que sirvió para que mi trabajo tuviera más visibilidad y llegara a más personas.

De hecho, haber podido usar Instagram (y Facebook, en el pasado) para compartir lo que escribo, y que gracias a ese medio tantas personas se hayan encontrado con mi trabajo y hayan querido compartirlo, es uno de los motivos que llevó a que este blog pasara de ser un hobby a ser el eje de mi vida laboral. Así que la relación que tengo con Instagram es algo que siento que vale la pena tomar en serio.

Sin embargo, nunca he tenido ni un calendario editorial, ni estrategias de comunicación, ni horarios definidos, ni nada. Publico lo que me nace publicar, cuando me nace publicarlo. No uso hashtags ni me preocupan los caprichos del algoritmo. En general, siento que Instagram está en una zona borrosa entre mi vida laboral y mi vida personal, entre el trabajo y el ocio. Y siento que esa falta de límites claros ha agudizado mi sensación de conflicto con esa plataforma.

Hay muchas maneras de usar Instagram. Cada mix de preferencias tiene consecuencias diferentes en cada persona, y cada persona está «equipada» con herramientas distintas para enfrentarse a lo que el uso de Instagram genera en su mente, sus emociones y su vida cotidiana. Por lo tanto, así como hay personas que no sienten ningún efecto problemático con el uso de la aplicación, también hay quienes sienten que se les está comiendo el cerebro desde adentro. Yo siento eso. Por eso quise hacer el experimento de dejar de usar Instagram durante 30 días, por eso siento que necesito replantear la manera en la que lo uso, y por eso comparto estas reflexiones aquí, por si acaso le sirven de algo a alguien más.

 

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La idea del experimento surgió a partir de una de las propuestas que hace Cal Newport en su libro «Minimalismo digital». Me pareció una manera interesante de observar, con un poco más de distancia, mi relación con Instagram y con otras herramientas digitales, y la manera en la que afectan mi trabajo, mi vida cotidiana y mi salud mental.

Para dar un poco de contexto: hace ya un buen tiempo decidí desinstalar Instagram de mi celular. Lo estaba usando principalmente desde el iPad para no tener acceso tan fácil, y así evitar caer presa de su ícono multicolor y terminar haciendo scroll durante horas casi sin darme cuenta. También, desde hace un tiempo, tenía activada una notificación que me avisa cuando llevo una hora en Instagram, para ser más consciente de la manera en la que uso mi tiempo en esa aplicación.

Ya había hecho ejercicios más cortos de «desconectarme» de Instagram, pero nunca de más de cinco días. La idea de no entrar ahí durante tanto tiempo me ponía un poco nerviosa, pero al mismo tiempo me emocionaba; me sentí como una exploradora que estaba a punto de entrar a un terreno desconocido.

Los primeros días noté una tendencia compulsiva a buscar el iPad para abrir Instagram. Decidí que cada vez que me pillara a mí misma teniendo ese «reflejo», en lugar de darme palo mental y sentirme mal por ser tan adicta, iba a respirar profundo y a dedicarle unos segundos a prestarle atención a mi entorno, a mi cuerpo y a mi estado general.

Pensé que iba a terminar siendo un ejercicio súper transformador, pero la verdad es que ni siquiera lo tuve que usar tantas veces: contrario a lo que esperaba, Instagram no me hizo falta. Pasados un par de días dejé de sentir ese impulso. Fue sorprendentemente fácil soltar el hábito y enfocar mi energía y mi atención en otras cosas.

Creí que iba a estar como un preso, contando los días que faltaban para volver a abrir la aplicación. Pero a medida que iba pasando el tiempo, me iba sintiendo cada vez mejor, con menos «ruido» mental, un poquito más presente, un poquito más liviana… y también un poquito más agobiada al notar la manera en la que las herramientas digitales «colonizaron» mi cabeza, porque mucho del tiempo en el que hubiera estado metida como un zombie en Instagram, lo usé para leer sobre las redes sociales, la economía de la atención y su impacto en nuestra salud mental y en la sociedad.

Siento que subestimé el efecto positivo que este experimento iba a tener en mi vida. Digamos que sospechaba que dejar de usar Instagram durante un tiempo iba a ayudarme a despejar la mente, pero los beneficios fueron MUCHO más allá: empecé a ser más consciente de la manera en la que uso el tiempo, me hice muchas preguntas (y ajusté importantes detalles) sobre mi «vida digital», me reconecté con las ganas de escribir en este blog, sentí que mis procesos creativos fueron más fluídos y más ricos, y mis niveles de ansiedad se redujeron considerablemente.

Siento, también, que he sobreestimado los beneficios que obtengo con el uso de esa aplicación. Sí, es útil. Sí, es entretenida. Sí, a veces puede generar conexiones interesantes y enriquecedoras. Sin embargo, creo que esa es más la excepción que la regla, y que lo que caracteriza a Instagram no es la conexión ni el aprendizaje, sino la distracción. A mí me gusta distraerme, y a veces siento que es necesario… pero estar distraída constantemente implica dejar de estar presente en mi vida, y si hay algo que no me quiero perder es mi vida. Eso sí me da FOMO. Instagram (y siento que puedo decirlo con confianza después de este experimento)… no.

 

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Lo que me parece más interesante de las conversaciones que pueden surgir en torno al uso de redes sociales —y de herramientas digitales en general— es que, como pasa con los grandes temas de la humanidad y de la vida, no se pueden contener en afirmaciones binarias. No se trata de si son «buenas» o «malas», nadie se beneficia idealizándolas y no se resuelve nada satanizándolas… así que todo queda en el incómodo pero infinitamente fértil terreno del «depende».

En mi caso, Instagram es una herramienta útil, pero también una fuente importante de desgaste emocional y cognitivo. Seguramente hay personas que tienen la capacidad de responder 200 mensajes al día, seguir 1.500 cuentas y lidiar «tranquilamente» con la constante confrontación y los mensajes negativos de un montón de desconocidos… pero yo siento que no soy una de ellas.

Instagram me afecta y me revuelve la cabeza de múltiples maneras: sin darme cuenta, me empiezo a preocupar por números que realmente no significan nada (¿Cuánta gente nueva empezó a seguir la cuenta? ¿Cuánta gente la dejó de seguir? ¿Tiene esta publicación más «me gusta» que la otra? ¡Qué me importa!) y, en el proceso de tratar de tener conversaciones constructivas con gente que no conozco (a través de un medio que es cualquier cosa menos ideal para conversar), me empiezo a olvidar de conectar con la gente que tengo a mi lado, con el lugar en el que estoy y conmigo misma.

Y sí, el impacto que tiene Instagram en nuestro bienestar y tranquilidad depende de muchas cosas, pero eso no significa que todo es neutral y que el asunto está completamente en nuestras manos. Instagram es una herramienta que ha sido diseñada con unos objetivos específicos: capturar nuestra atención y mantenernos haciendo scroll tanto tiempo como sea posible para recopilar nuestra información y vendernos cosas. Así que si bien tenemos un rango de acción dentro de las posibilidades que ofrece, tampoco podemos olvidar que ahí, detrás de ese ícono brillante y esas promesa de comunicación y conexión, hay intereses que no están alineados ni con nuestro bienestar ni con la construcción de una sociedad sostenible.

Instagram existe, las redes sociales existen, las herramientas digitales existen y —mientras no nos autodestruyamos— probablemente seguirán existiendo. Negarlas no nos sirve de nada, pero entregarnos a ellas sin darles siquiera una mirada crítica no tiene ningún sentido.

Formamos parte de un sistema que se caracteriza por inventar necesidades que no son reales y por distraernos de lo realmente necesario. En el caso de Instagram, de a poquito nos vamos comiendo el cuento y terminamos por creer que es imposible trabajar, comunicarnos o vivir sin usarlo. Y no, no es imposible… es simplemente diferente. «Necesario» y «útil» no son la misma cosa, y es importante que aprendamos a diferenciarlo.

Después de más de 30 días sin usar Instagram, puedo decir con confianza que mi conclusión es que no lo necesito. Sin embargo, por ahora he decidido seguir usándolo porque es útil, porque quiero explorar otras maneras de relacionarme con esa plataforma y porque quiero seguir observando las intersecciones que surgen entre el uso que hacemos de las redes sociales y la manera en la que habitamos y nos conectamos con el planeta.

Eso sí: quiero usar Instagram de otra manera. Quiero ser más cuidadosa conmigo misma y con las personas que están prestándole atención a lo que comparto… y aunque todavía no sé muy bien qué significa eso, estoy en el proceso de tratar de definirlo. Compartiré más de ese proceso cuando sienta que vale la pena hacerlo :-)

 


 

P.D. Cierro esta fase del experimento compartiendo las notas que fui tomando a lo largo de estos días, en las que reflexiono sobre mi relación con Instagram. Espero que sean útiles para otras personas que están cuestionando su relación con esa plataforma:

Día 1: tuve un reflejo «automático» de ir a buscar Instagram, y de abrir los enlaces de Instagram de las páginas web que estaba visitando. Siento preocupación por no estar compartiendo cosas sobre incendios de Australia (me hace ser consciente de que me estoy echando el peso del mundo encima… mi participación es importante, claro, pero que yo no publique algo no significa que otra gente no está haciendo su parte, ni los incendios van a empeorar porque yo no hablé de ellos). Empecé a sentir una preocupación —un poco absurda— porque mi cuenta desaparezca, por unfollow masivo, por trolleo masivo, por hackeo… Escribí un correo del Club compartiendo reflexiones sobre este experimento y recibí respuestas increíbles.

Día 2: empecé a ver las webs con un poco más de detenimiento, en lugar de ir a lo rápido del buscar Instagram y empezar a seguir (donde termino juzgando más rápido si me gusta o no el aspecto visual y decido si le presto atención o no según eso). Le escribí un email a alguien en lugar de mandarle un mensaje por Instagram (y me demoré mucho rato en recordar que tenía esa dirección de email).

Día 5: me empecé a hacer preguntas en torno a las ganas de compartir, a la necesidad de sentirme “vigente” y a la necesidad de sentir que lo que comparto es oportuno, que llega a tiempo. La prisa de todo comiéndome la cabeza.

Día 8: pienso en las cosas que quiero compartir y que, a primer impulso, siento que no tengo por dónde compartir… cuando realmente las puedo enviar en el newsletter, compartirlas en Patreon, o simplemente dejarlas para después o dejarlas para mí. El mundo no está en mis hombros, y yo quiero aportar y necesito que mi trabajo se siga moviendo, pero unas semanas de Instagram no van a hacer que mi esfuerzo de años se desaparezca. Y si así fuera, pues haría falta ver dónde estoy poniendo ese esfuerzo. También reviso las páginas de medición de engagement y de calidad de seguidores con Agustina (que las quería conocer) y me doy cuenta de que mi engagement está bajando (obvio, no abro Instagram hace más de una semana) y me da un poco de miedo esa pérdida de “estátus”. Pienso en la ansiedad de estátus y en el papel tan importante que debe tener en nuestra dependencia de herramientas como Instagram.

Día 11: pienso en la gente de Instagram con la que no puedo hablar de ninguna otra manera, y de quienes no puedo ver NADA de su trabajo si no es ahí. Por echar de menos las fotos de Francisco Espíldora descubrí que tiene un sitio web que nunca había mirado. Visité la web de Catalina Bu, que no la veía hace siglos. Me di cuenta de que hay gente cuyo trabajo admiro un montón y que no es accesible si no es a través de Instagram.

Día 12: pienso en la diferencia de hacer algo de manera consciente e inconsciente, y cómo es más fácil de hacer todo lo automático. Por ejemplo, paso una hora al día en promedio en Instagram, pero me resulta dificilísimo dedicarle una hora al día a cualquier cosa nueva, porque además me acostumbré a “vivir sin tiempo”. Entonces tengo tiempo para estar en Instagram pero no para hacer ejercicio, leer, dibujar, coser, estar con las gatas o simplemente salir a caminar o quedarme sentada haciendo nada. He decidido usar menos Whatsapp para hablar con mis amigos y usar más el teléfono, me he dado cuenta que la ausencia de Instagram ha estimulado las conversaciones más cercanas con amigues que están lejos.

Día 13: Crear versus consumir. ¿Cuánto tiempo pasamos solo consumiendo en Instagram, o solo creando con el objetivo de sentir que existimos, y no con un objetivo, digamos, más “genuino” de mostrar algo útil, algo hermoso, algo inspirador, algo que conecte? ¿Cuántas veces dejamos de hacer cosas solo porque vemos que quienes lo hacen en Instagram lo hacen “perfecto”, y entonces para qué nos vamos a molestar? ¿Pasará también con el activismo? Tipo: “esta gente lo hace perfecto, yo para qué me voy a sumar”. Imagino que hay gente que ve mi perfil y piensa que soy una persona que no genera basura, que lo tengo todo «ecológicamente» resuelto, y eso, obvio, no podría estar más lejos de la realidad.

Día 14: necesitaba un texto de los que publiqué en Instagram hace un tiempo y no tuve que abrir Instagram, porque lo tengo en el respaldo que hago de las cosas que publico (que empecé hace un año, y que quiero seguir llevando hacia atrás para tener todo respaldado, al menos todo lo que considero que vale la pena y que no quiero perder cuando Instagram deje de ser relevante).

Día 16: quiero aprovechar el impulso y simplificar algunos aspectos de mi vida digital. Siento que soy una acumuladora digital: apps, herramientas, favoritos, listas de lectura. Necesito eliminar muchas cosas, así, con desprendimiento. La lista de tareas mental me pesa tanto por fuera de Instagram que parece que mi vida es una app. Me gustó esta idea de “un mes análogo”: https://www.calnewport.com/blog/2019/12/31/__trashed/

Día 17: vuelvo al RSS feed: así me ahorro la distracción de encontrarme más cosas. Quiero reencontrarme con blogs que me gustan, y no «consumir» todo a toda velocidad, atragantándome a través de Instagram.

Día 24: las redes sociales promueven y premian la rapidez, la superficialidad de los mensajes y la simplificación de nuestros cerebros. ¿Qué impacto tiene eso en la construcción de sociedades más sostenibles? ¡TODO! Necesitamos gente que sea capaz de prestar atención a algo durante un tiempo, que quiera escarbar más profundo en los temas, que esté dispuesta a sentarsee a leer cosas largas y complejas. No solo gente que quiera una imagen bonita y simple para dar like.

 

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  • Me encantó la nota! Yo empecé un Febrero sin redes sociales, aunque más que nada mi cuenta de Instagram (no personal). Tuve que entrar un par de veces a Facebook por cosas de la facultad (tenemos un grupo de la carrera donde subimos recursos y otras cosas importantes) y también entré un par de veces a mi Instagram personal pero no fueron más de 5 minutos.

    Como también tengo una cuenta tipo blog (aunque no llega ni a 3000 seguidores), me siento un tanto identificada con lo que contás. Y la verdad es que, no siento que aporte mucho a la comunidad con mis publicaciones, lo hago más por hobby que otra cosa pero me di cuenta que me ponía mal ver que una foto que me encantó no recibía el feedback que esperaba, o que si el post era más para leer que para mirar la foto, nadie comentaba nada al respecto.

    No quiero eliminar mi cuenta, pero seguramente la utilice muchísimo menos de lo que lo venía haciendo porque es como decís, ese tiempo lo puedo usar en algo mucho más «nutritivo» para mi vida.

    Muchas gracias por compartir tu reflexión, te mando un abrazo virtual gigante!

  • Hola Mariana! me ha encantado leerte, me ha encantado aquella frase que plasmas aquí «… y si hay algo que no me quiero perder es mi vida..», esto me resuena y me sigue haciendo eco, por mi propia vida. En realidad leerte me hizo parar muchas veces a preguntarme cosas y reflexionar mi uso propio con esta aplicación mas que todo. Me sentí mega identificada con las sensaciones que describiste cada día; por mi parte yo he estado haciendo este experimento por varios días y que increíble puede ser la manera en que he entrado en automático que por momentos he sentido que me falta hacer algo demasiado vital en mi vida, me siento inquieta y siento una sensación muy fuerte como si me estuviera perdiendo de algo muy esencial.

    Gracias por traer y compartir. Gracias por inspirarme y gracias por tu humanidad.!

  • Me gustó mucho tu idea desde el inicio y aunque no pude escribirte un correo de vuelta cuando lo vi en mi bandeja, tuve muchas ganas de hacerlo, y por eso ahora te dejo mi comentario.

    Yo también me quise desprender de las redes, pero a mi ritmo. Eliminé FB e Instagram de mi celular y me quedé solo con Twitter (¡No logro estar bien si no veo las noticias, aunque luego sufra «crisis de realidad» porque todo lo acumulo, tanto lo bueno como lo malo, por eso me quedé con la interacción por medio de tweets).

    De Instagram extrañé las cuentas asociadas con el arte y la ilustración. A veces me decía que necesitaba inspiración, ver lo que hacen los otros artistas, y llegué a pensar en abrir una cuenta alterna para publicar mis dibujos y seguir solo lo artístico. Aun no sé si lo haga…

    En cuanto a Facebook, aun no lo he dejado por completo. Recurro a él en la computadora, pero ahora lo hago sin invertir demasiado tiempo, solo entro por lo necesario, lo que está en mis grupos académicos (¡y por algunos memes!).

    Nota: Debo decir que me ha servido mucho la opción de «dejar de seguir», en este caso de ciertos contactos ya que preferí continuar la amistad virtual sin ser la consumidora diaria de toooodos sus post o fotos. (Algunos de mis amigos saturan su cuenta y eso me molesta por alguna razón, no lo sé explicar, tal vez sea envidia, así que prefiero no ver lo que publican y dejo de seguirlos).

    En fin, me da alegría leer tus textos y encontrarme en ellos. Hay muchas ideas que me abren el camino ante lo que percibo y veo, me ayuda a centrarme en mí, en lo necesario de mi vida. Me gustan también tus recomendaciones de libros y si me permites, te recomiendo a ti y a los seguidores del club, el libro «Yo, aquí, ahora. Mindfullness para tu día a día» de Editorial Paidós. Al principio la palabra mindfullness no me atrapó, pero me dejé llevar por su interior y de verdad que tiene cosas más que interesantes y divertidas. Es como un libro de actividades para gente ocupada, proponen actividades que te hacen relacionarte contigo y con tu alrededor, tomando en cuenta la meditación y el ejercicio de la respiración. Espero puedas darle un vistazo, creo que te gustará.

    Saludos desde Guadalajara, México.

  • Hola Mariana, siempre es un placer leerte. Me gustaría encontrar una manera de utilizar las redes sociales (especialmente Instagram) de forma que dejen de ser “esenciales” para mi pequeño business. Ahora mismo la mayoría de los clientes (tengo una tienda de productos online y física) me llegan de Instagram y me doy cuenta que esto es un problema (y si mañana Instagram cierra?), también por mi relación personal y mental con la app que no me parece de las más sanas. Tus reflexiones me empujan a activarme para buscar otras maneras de llegar a las personas, sin que sea necesario dejar de usar Instagram.

  • Hola Mariana, me alegra mucho leer que te aportó tanto el experimento. Me gustó mucho esa idea de tener FOMO con tu propia vida. No tengo una relación de amor-odio con Instagram, sino de odio a secas jaja. Entonces busqué una forma de usarla de manera no tóxica sin hacer el experimento y creo que voy en buen camino. La tengo en mi celular, en una carpeta dedicada a la música. Cada día, decido si voy a necesitar usarla. Si sí, la dejo. Si no, la saco de la carpeta. Así, cuando se despierta el reflejo de abrir la app, no encuentro el ícono y me acuerdo que hoy no quiero dedicarle tiempo a esto. A veces lo decido para un día, otras veces para 2 o 3 días. Me ha gustado y me siento mucho más liviana. Gracias por proponer este experimento que, aunque no lo haya hecho como uds, me ayudó mucho. :)

  • Genial!!
    Buen experimento y grandes reflexiones.
    Comparto el miedo de «perder» info de proyectos que sigo por solo estar compartido en redes sociales. Lo inmediato que tiene ver una publicación de Instagram sobre un tema que me interesa. Pero como bien decís, útil pero no necesario.
    Gracias por este experimento. Saludos ☆

  • Hola, Mariana.
    Entiendo este hostigamiento porque trabajo como community manager (cosa que me parece absurda a más no poder), tanto ha sido que decidí renunciar a mi trabajo hace un par de semanas porque necesito atenderme primero y encontrar una labor que de verdad me sea significante.

    Hay un texto que escribí, creo que podría pensarse que es sobre el JOMO (joy of missing out) y quisiera compartirlo, espero no sea un gesto exagerado:

    Desde hace un mes, no hay un sólo día en el que me sienta bien conmigo misma. Sobretodo con mi apariencia.
    Siento como si, en un año, algo drástico le hubiera pasado a mi cuerpo y todo lo que antes solía gustarme de mí se hubiera deformado.

    No puedo discernir entre una visión cierta o un lente adquirido socialmente.

    Al mismo tiempo, esta constante inseguridad física y tener esto tan presente, es otro peso que se agrega a mi autocrítica intelectual. ¿Qué tan banal soy para importarme tanto esto, para no poder luchar contra ello, para que esté tan arraigado en mi inconsciente?

    Al final de cada uno de estos pensamientos, vuelvo a cuestionarme por la incidencia de los parámetros sociales en los que me muevo.

    Pertenezco a un círculo social y a un sistema consumista, heteronormado y muy vacuo, en el cuál me he involucrado con más fuerza en los últimos dos años. Y me doy cuenta de lo mucho que han cambiado mis prioridades, mi personalidad y mis intereses cuando vuelvo a tener contacto con mi pasado círculo, el de mi otra ciudad, con el que crecí. Un círculo mucho menos pretencioso, animado por el conocimiento, por las historias y la creación. Extraño ese circulo de amigos que tiene otro lenguaje y otras motivaciones, que no está embebido en las tendencias, ni en las celebridades, ni en Game of Thrones o los Grammy y mucho menos en la competencia. Por el contrario, en la celebración y en la curiosidad.

    Quisiera no tener la necesidad de estar actualizada, que la modernidad no me permeara.

    Extraño el bosque, el río sin pretensiones. Hablar sobre dibujos y cuentos y películas tristes como cosas que realmente nos importan.

  • estoy encantadísima! es realmente gratificante cuando te das cuenta de que no eres la única persona que comparte un pensamiento. Desde Septiembre no uso instagram, y es una sensación tan maravillosa, a la que incluso me atrevo a calificar de «exquisita». Me choca mucho esto de personas que no son accesibles de no ser por Instagram. Creo que al final, en estos tiempos, uno se transforma en eso al dejar de lado esta herramienta, y pienso que si estuviéramos bien, no debería ser ni por un segundo así. Antes la gente se las buscaba para intentar hablar con los demás. Existía una comunicación real, donde podías ver su lenguaje corporal, sus expresiones y la reacción de una persona frente algo que no le gusta. Eso es enriquecedor. Estas herramientas son el medio para un fin, se supone, pero nos estamos quedando solo en la primera parte.
    Me encantó este post. Muchas buenas energías para tí.

  • Me encantó esta reflexión! Hice el experimento contigo (y con las demás personas que se sumaron) y me siento muy identificada con lo que escribiste. Los primeros días me di cuenta lo adictiva que es la app y como inconscientemente mis dedos buscaban un ícono sin tener ningún motivo o algo puntual para ver ahí dentro.
    Pasaron unos días más y me di cuenta que no la necesito, que estoy más tranquila, ocupo mi tiempo en otras cosas que realmente me gustan y no necesariamente digitales; pasé más tiempo en el patio de mi casa leyendo, compartiendo con las personas que quiero, etc.

    Los últimos días he entrado a la app un par de veces desde la página web y la verdad es que ya me da un poco de pereza. No he visto ninguna historia de nadie y me da pereza hacer scroll. He entrado a ver cosas que quiero ver y es muy fácil salirme.
    Me alegra que a ti te haya pasado eso y te haya traído un poco de paz y tantas cosas positivas que no esperabas. Yo también tenía miedo y ahora me da miedo volver al uso de antes.
    Gracias por proponernos unirnos a tu experimento!!! 💕💕💕

  • Buenas noches, me encanto todo esos pensamientos, ideas sobre las redes sociales y más aún sobre lo que tu experimentas te y ahora nos compartes. Por lo siguiente quede impactada por todo eso me gusto mucho la verdad, puedo decir que en el impacto que a tenido las redes socailes en cada una de las personas a jugado un rol importante ya sea positivo o negativo puesto que en algún momento de nuestras vidas fuimos codependiente de ellos y una forma de liberación dejando de usar Instagram por un período de 30 días es una forma de ponernos a analizar y reflexionar claro puede ser más pero todo depende de uno mismo. Finalmente puedo decir que es útil las redes es una herramienta para comunicarnos ya que podemos trasmitir las cosas que nosotros pensamos o sentimos, por otro lado que entendamos que el tiempo que le brindamos debe ser adecuado . «Día 11 & 12, un claro ejemplo de lo que dijo respecto al uso que puede causar en nosotros cuál es la importancia o como nos puede afectar. También se puse hacer lo que dejó de hacer y fue gratificante» .

  • Llevo días rumiando una sensación parecida respecto a todos los ámbitos de mi vida y tus publicaciones me han inspirado un montón. Mil gracias por compartir tus aprendizajes, me han ayudado mucho!
    Si hay gatos, yo bajo! Tu familia peluda es muy, muy bella <3

  • Geniaaal!!! Yo particularmente entendí que estaba pasado mucho tiempo en Ig, al punto que sentía que ya al final del día la cabeza me pesaba, rara la sensación. Fue cuando decidí poner el aviso cuando ya estuviera 2 horas en Ig, el aviso me llegaba ya cuando estaba cerca de acostarme, fue cuando entendí que pasaba 2 hooras de mi vida haciendo nada, viendo caras bonitas, memes, perritos, una que otra noticia, realmente nada que me aportara. Al tiempo configure el aviso para 1 hora, y la sensación seguía siendo la misma, la cabeza me pesaba, de unas semanas para acá empece a bajar ese tiempo, ya en promedio estoy 3o – 40 minutos, ahora estoy como en un juego con la aplicación, antes de acostarme es como que oookey, voy a ver como me fue hoy con el tiempo, pase unos minutos menos que ayer (Yeeiii), pase unos minutos mas que ayer (ok, he perdido).

    La verdad cada vez me pesa mas entrar, y entendí también que por lo menos mi caso, entraba al IG por pura costumbre, si me desocupaba iba y lo abría cuando sabia que no había necesidad de entrar ahí.

    Casualmente días atras me acordé de ti y dije «que raaaro que no volví a ver ninguna otra publicación de esta cuenta» y tenia pendiente entrar a tu perfil y dar algunos likes, pensando que el famoso algoritmo de IG te había quitado de mi feed.

    En fin, me encanta este experimento, me lo voy a proponer, total, nunca publico nada, cada vez me pesa mas estar ahí.
    Beeeesos!!

  • Hola marian! Encontré esto en el momento «justo». Soy una de las tantas seguidoras despues del «incendio de amazonas». Si bien la publicacion me parecio impactante loque nviene despues es mucho mejor. Reconstruir nuestra vida y replantearnos las cosas mas cotidianas nos llevan a los grandes cambios. Amo tambien los textos largos de reflexion y despues de borrar porun tiempo la App voy a entrar a ver de que se trata ese club de fans del planeta tierra. Es muy lindo lo que haces y la simpleza con la que lo expresas.
    Gracias por la inspiración!!

  • Hola, Mariana, tengo dos cosas que decirte: como primer punto, admirable experiencia por la que pasaste, puedo compartir tu sentimiento en buena manera, yo pasé un año sin celular (se me dañó y no había plata para otro), cosa que me permitió conectarme muchísimo más con la realidad: te enfocas en la vida, en el momento, aprendes a soltar, a liberarte, a pensar de forma más clara y precisa, me encantó ese tiempo, momentos inolvidables, aunque ahora, un año después de semejante suceso transformador y de reflexiones sobre la adicción y momentos renovadores, tengo de nuevo un celular, ha sido un poco complejo, porque estudio en la U y todo debe ser Whatsapp, cosa que odio, dar el número a la gente (sin sonar cascarrabias, ni antipática), ya la conexión y paz que tuve no es la misma, la tecnología me absorbe de forma incontrolable y se torna «necesaria» porque si no se tiene es un caos y una incomunicación total y si se tiene, los demás no se liberan de él, no te escuchan y mucho menos mientras les hablas prestan su atención, quedan con información a medias y luego van preguntando: ¿y entonces?, cuando ya habías acabado tu historia y tus argumentos.

    Como segundo punto: estoy haciendo un trabajo para la U sobre Zero Waste, me he pegado a tu blog y leído tus reflexiones de forma incontrolada, yendo a links, buscando info y demás para realizar mi texto; por lo que te quiero agradecer con palabras incontables, por este blog y tu podcast, me he nutrido mucho, he pasado por filtros una infinidad de cosas, profundizo demasiado tus reflexiones y me familiarizo con ellas, espero que cuando mi texto este corregido, te lo pueda enviar para que lo leas si deseas.

    Un abrazo.

  • Buenos días Mariana! Realmente muy interesante tu experimento y tus conclusiones. Es para mí también Instagram un tema de cuestionamiento y que me afecta, aún no pudiendo tomar un paso concreto en el asunto.
    Paradójicamente, fue a través de IG que te conocí con el posteo de «Relación del coronavirus con la crisis ambiental», lo cual concuerdo hace que se encuentre entre los grises y no los extremos de bueno o malo.
    En fin, sirve para reflexionar y para saber que somos varios los «conflictuados» con el uso de esta app, buscando una forma sana y consciente de utilizarla.

    Muchas gracias, seguiré leyendo tus posts. Saludos!!

  • Simplemente WOW y gracias. Vengo con estos cuestionamientos hace mucho tiempo. Dudando, pensando, comiendome la cabeza para entender qué me pasa con instagram y las redes sociales a la hora de generar contenido.
    Describiste a la perfección todo lo que siento y me pasa.
    Que lindo saber que no estoy loca jaja, y que hay más gente planteandose lo mismo.
    Me pasaron varias cosas al leer este artículo, que iré decantando, pero a primera vista quiero compartirte 2: la angustia de darme cuenta que esto ES un tema, y que esta bueno darle lugar a la reflexión; y, el confort de saber que si nos incomoda es porque somos personas comprometidas, y profundas, que tenemos vidas a las que instagram les queda chico y necesitamos llenarlas de sentido con realidad y no virtualidad. Eso, considero que es algo positivo.
    Gracias :)

  • Siempre es inspirador leerte. Me parece particularmente increíble tu capacidad de ser tan crítica y sensible al mismo tiempo.
    Instagram me permitió reconocer tu existencia y tus ideas y proyectos, pero sé muy bien que eres más que una cuenta en una red social.
    Gracias por tu pensamiento y por compartir procesos que nos remueven la mente y el corazón a tantos! <3

  • Me sentí muy identificada con esta publicación!
    Muchas veces me he cuestionado lo poco productivo que me resulta Instagram y porqué le dedico tanto tiempo.
    Está sobre naturalizado su uso! Personalmente me generaba mucho fomo y ansiedad, pero ahora trato de usarla solamente para seguir cuentas de veganismo, recetas, cuidado ambiental y sustentabilidad.
    Pienso que esta bueno replantearse el uso de este tipo de apps y repensar cuales son los valores que nos transmiten las cuentas que seguimos y que es lo que nos aportan a nuestro día a día.
    Un beso!